jueves, 17 de marzo de 2011


(Las Miradas Que Solo Ven El Cielo)


Son los sueños de licor y perversión los que crearon dos estrellas en el mar hechas de dulce y helado, aquellos que crecieron entre el humo y los ladrillos de un templo aislado que guarda  miedos en mantos de seda. Ellas escriben sus nombres con sangre en el cielo, en el mar, en el asfalto, en las sonrisas, en las cicatrices.
Son sus días de hielo que hacen que nuestras pieles ardan y exijan un precio a nuestros corazones. Confusas entre el aire que su luz quiere atravesar, quieren deslizarse donde la luna oculta su oscuridad, ignorando que los monstruos galácticos esperaran ahí para alimentarlas de decadencia, mientras que en el agua los espíritus de lo incierto se alcoholizan de rezos para que sus estrellas no se pierdan.
(No estallen; que el tiempo pare; el resplandor que me regalaron los guardare en mis pieles.)
Algún día serán sol de miel, tendrán billones de años de cariños y explosiones, miradas y ovaciones.
Romperán las fronteras de las ilusiones y cuidaran que los destellos de su esencia no se las traguen los agujeros negros de la desesperación.
Como dios de este espacio les concedo dulce y helado en la eternidad, licor y perversiones en la soledad, miles de chipas saladas y mantos de frías nubes. 


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