Desunión alcoholizada
Borre con el insecto las páginas llenas de deseo. Las sabanas suplicaban el néctar, los ojos sobre el techo se derretían. El videoclip rodaba y con su sangre nada escribía. La esencia de la mierda no perdía ante nada. Desearía que el mosquito me inyectara una risa insoportable y los sueños del pasado me humedecieran, pero no se me concederá, porque me burle de un pecado que había en mi estomago, que se comía la fuente de la agonía. Si los animales fueran útiles me lamerían los sesos y supieran que quiero un desierto, la madera fina de una guitarra maltratada capaz de llenar de dolor los dulces oídos de las aves y permutar los chillidos de dioses mutilados por hombres perfectos. Y aunque el insecto se coma lo que he escrito no llorare, pero reclamare lo que no me ha dicho, lo esclavizaré como las frases de un escritor mediocre que sobre el dolor, las aves y los mosquitos, lo encerrare en libros de historia de dioses aniquilados por la memoria de santo que podía besar las llagas de las vírgenes empleadas por demonios omnipotentes de sadismo y deseo carnal, y lo dejare entre pequeños capítulos llamados <Como matar y saborear los cuerpos de niños cansados del deterioro de la fauna silvestre, y el poder de amar a un insecto>.
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